Guardians of the Secret (II)

Guardians of the Secret (II)

 

By Lila Zemborain

 

Guardians of the Secret (II)

"Was it a vision or a waking dream?"

 

John Keats

 

 

A blonde angel covers the Earth with some blankets. With these white immense blankets envelops the planet.

 

They are going to touch me. They are going to remove that cloth that covers my way of seeing reality. I have the strange

 

anticipation that once the harm is removed: wilI I go to die?

 

Air enters. Thankfully one can now breathe. I would like to be there and know what it is.

 

The buildings have collapsed. The highways have fallen apart.

 

I pass the structures without facades, like open scenographies.

 

I wander through the rooms and see dead people that appear asleep, a daughter hugging her mother in a chair. I walk

 

through those demolished apartments although everything is in its place, like moments before the catastrophe. We feel a

 

vibration in the floor. It is an earthquake we think, but everything remains the same.

 

I remain like this, halfway there, with the eye exposed in all of its intensity.

 

The navel begins to emerge like some type of festering flesh, a substance with a consistency of internal organ, and someone

 

says to me: something is coming out. I look strangely at how the navel unravels, when it really should remain inside and

 

closed. As if day becoming night, or the navel, in physical form, opening the doors to a perception of the internal. The

 

first manifestation is a fleshy substance, pre-natal, or of an intrauterine existence. Then a mixture of lentils and rice,

 

clearly recognizable, begins to fester. Finally, the hole remains open and there a celestial sky, like a Magritte

 

painting. Like being born and dying at once, like the creation of another body. Not to say I am a fish or a rat, but another

 

kind of being which doesn't belong on this planet, under these living conditions we presently know. To be inside and outside

 

simultaneously. To be with and without my body.

 

The eye follows the hand, barely sensing a line that should be straight. But it seems more feasible that when it enters the

 

void without discernment it sees better, because writing without the eyes is almost like hearing.

 

To say perhaps the ah of amazement the first time I saw the bottom of the ocean. The rocks, the dance of seaweed, the

 

ocean's strange lawn. But above all quiet movement and rhythm outside of sound. The rays of sun substracting the water's

 

reverberations.

 

Poems written with only one eye or heir. A slip is almost produced--almost. Rest. That's what it's about. Much light

 

enters that eye, much sun.

 

The heads of some animals appearing to be horses project from the top of a yellow tower. Suddenly a horse or a wild boar or a black hog is jumping from the tower in a kind of backwards somersault. I have to cover my eyes so that its liquids won't

 

splash on me, so as to not receive the remains of that sublime being that chooses to die one radiant blue afternoon.

 

Only a disturbing aftertaste stirs my hands.

 

Translated by Rosa Alcalá

 

 

{Guardianes del secreto (II)}

 

Original en español

 

"Was it a vision or a waking dream?"

John Keats

 

 

Un angel rubio cubre la Tierra con unas mantas. Envuelve el planeta en esas mantas blancas, inmensas.

 

Van a tocarme. Van a sacar esa tela que recubre mi modo de ver la realidad. Tengo la extraña esperanza de que al extirpar el

 

mal ¿me iré a morir? Entra el aire. Por suerte se puede respirar ahora. Quisiera estar allí y saber qué es.

 

Los edificios se han caído. Las autopistas se han venido abajo.

 

Recorro las construcciones sin fachada, como escenografías abiertas. Deambulo por los cuartos y veo gente muerta que

 

parece dormida, una hija abrazada a su madre en un silla.

 

Camino por esos departamentos derruídos aunque todo está en su lugar como en el momento anterior a la catástrofe. Sentimos una vibración en el piso. Es un terremoto pensamos, pero todo sigue en pie.

 

Y yo quedo así, a medio camino, con el ojo expuesto en toda su intensidad.

 

El ombligo empieza a salirse como en una especie de supuración de carne, una sustancia con alguna consistencia de órgano

 

interno, y alguien me dice: está saliendo algo. Yo miro como el ombligo se desenvuelve, como se abre lo que debiera estar

 

cerrado y permanecer adentro. Como si el día se hiciera noche, o se abrieran las puertas a una percepción de lo interno de una forma física. La primera manifestación es esa sustancia carnosa, pre-natal o de vida intrauterina. Después supura una

 

mezcla de lentejas y arroz claramente reconocible. Al final queda el agujero abierto y allí un cielo celeste como un cuadro

 

de Magritte, como un nacer y un morir a la misma vez, como la creación de otro cuerpo. No decir soy un pez o un ratón sino

 

otra clase de ser que no corresponde, que no existe en este planeta en las condiciones de vida que conocemos. Es estar

 

adentro y afuera simultáneamente y con y sin el cuerpo.

 

El ojo sigue a la mano apenas intuyendo una raya que debiera ser recta. Pero es más factible que vea mejor cuando sin

 

discernimiento entra en el vacío, porque escribir sin los ojos es casi como escuchar.

 

Decir por ejemplo, el ah de estupor la primera vez que vi el fondo del mar. Las rocas, el baile de las algas, los extraños

 

pastos marinos. Pero sobre todo el movimiento silencioso y el ritmo fuera del sonido. Los rayos del sol sustrayendo la

 

reverberancia del agua.

 

Poemas escritos con un solo ojo o hijo. Casi casi se produce el desliz. Descansar. De eso se trata. Entra mucha luz en ese ojo, mucho sol.

 

De la cima de una torre amarilla sobresalen las cabezas de unos animales que parecen caballos. De repente un caballo o jabalí o chancho negro empieza una contorsión hacia atrás, que se extiende hacia el lomo. Y es que el caballo o jabalí o chancho

 

negro se está tirando de la torre en una suerte de vuelta carnero al revés. Yo tengo que cubrirme los ojos para que sus

 

líquidos no me salpiquen, para no recibir los restos de ese ser sublime que elige morir en esta tarde radiante.

 

Sólo un resabio inquietante conmueve mis manos.

Steve Cannon, Lila Zemborain, Tribes